domingo, 9 de julio de 2017

POR UN MUNDO DE LOS OPUESTOS O POR UN EQUILIBRIO PERMANENTE

 

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Lo opuesto como elemento de equilibrio


La paz permanente, como fin último idealizable, no es posible porque se tendería, irremediablemente, a un estado de quietud o colapso. Es decir, del fin de cualquier sistema sociopolítico. En cambio, lo contrario está siendo el malvivir en un estado de guerra permanente. Por lo que, el mismo, nos lleva, igualmente, a un seguro colapso o final sistémico.

La primera situación es una paradoja existencial y la segunda una trágica realidad, provocada por una clara irresolución de las clases dirigentes. Es lo que tiene el desangrar de una forma vampírica al "ganado" descaradamente esclavizado y sin un hilo de humana inteligencia. El egoísmo de una gran parte de la humanidad (promovido y auspiciado por el propio deforme pensamiento de la modernidad) nos conduce a un seguro final de la sociedad/civilización en la que nos estamos hundiendo, cual Titanic de la liviandad y de la absoluta amoralidad.
        
Pues, el posible advenimiento de un nuevo sistema social, o civilización, conllevará a cambios drásticos en todas las facetas de las relaciones humanas.
 
Por tanto, la combinación guerra/paz es deseable siempre que se obtenga un resultado final francamente positivo. Por lo que la erradicación de algo demostradamente negativo; por parte de un justo opositor llevará, transitoriamente, a un estado de anhelado equilibrio y armonía.

El proceso, como elemento dinámico. Y el estado, como momento estático son lo contrario y lo mismo dentro de cualquier acontecimiento, a lo largo del tiempo, en el devenir humano.

La quietud, como fin y principio de algo, es perfección y extinción. La quietud no tiene sentido de continuidad porque es final de las cosas y de todo lo existente. Es por tanto un estado transitorio de la realidad; para, acto seguido, emerger un nuevo proceso de renovado dinamismo: más ecuánime, más armónico y, como culminación, más humano. En definitiva: donde prevalezca el espíritu de la PERSONA; donde la ciencia y la tecnología estén al verdadero servicio del género humano y no al contrario.

Mientras que estos cambios de paradigma existencial no se concreten y se plasmen en una nueva sociedad, donde prime el Ser y el Hacer, más que el decir y el tener, nada avanzaremos y seguiremos correteando cual gallinas degolladas, sin saber a dónde y porque, hasta acabar de fenecer.

Síntesis de todo lo acontecido en estos últimos cincuentas años, las ideologías han muerto como murieron sus posibles aplicaciones dentro de un medio marcadamente hostil. El materialismo y la postmodernidad se han impuesto en un mundo desnaturalizado, abominable y con una clara perspectiva nihilista. La autodestrucción está claramente programada. Falta el momento exacto de la implosión.


Si repasamos brevemente la historia...


Cuando en el aturdido año de 1991 se extinguió el comunismo soviético, y todo su universo (y siendo, ésta, la única posible ideología que podría haber acabo con un sistema que, en el aquel momento, tenía oculta su verdadera naturaleza, e intencionalidad, sanguinaria, esclavizante y monstruosa), ahí se acabó toda esperanza del fin de la explotación, de naciones y PERSONAS, por otras naciones y por otras PERSONAS. Si nos atenemos a sus turbulentos orígenes, el marxismo "nació" con cáncer y era cuestión de tiempo que fracasase. El liberalismo es despiadado con sus oponentes y, éste, ha sido un magnífico matarife del "aborto", que tuvo por hijo. El comunismo (fruto de una errónea interpretación idealista del materialismo histórico) fue engendrado en un frío laboratorio; desposeído de alma,  sin espíritu y sin el membrete del individualismo egoísta que ostenta, con aplastante exclusividad, la postmodernidad liberalizante. Por tanto, el sujeto desacralizado es el supremo garante de su aislada individualidad. Esta ideología alienante se engendró en nombre de la (y para la) colectividad para así, paradójica y trágicamente, acabar yendo en contra del propio ser, como ente espiritual y único, al que iba destinado: la liberación del hombre, de su explotación, por otro hombre.

Por desgracia, en la actualidad, se carecen (expresamente) de instrumentos reguladores, reequilibradores y sancionadores para que la "selva" no sea el único entorno posible... Pero, por desgracia, vamos camino de ello.

El anhelado bienestar no es dominio de materia, y no son elementos contables, para un supuesto bien común. Es algo más alejado de la horizontal tierra; es elevación de espíritu, es bienestar del alma, es coherencia, es armonía con el entorno más inmediato, es proyecto común y es, finalmente, hermandad.


Otro mundo es posible


Santiago Peña


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sábado, 1 de abril de 2017

LA FILOSOFÍA COMO ANTÍTESIS DE LA POLÍTICA


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La Política está destinada a dar soluciones (y satisfacciones) al conjunto de la sociedad. En cambio, La Filosofía está para planteárselas. La Filosofía no resuelve problemas y la Política no plantea preguntas.

¿La Filosofía enemiga de la Política?

Para los actuales dirigentes políticos, parece que sí. La Filosofía es incomoda... con sus permanentes preguntas e irresolubles respuestas. Persistentemente cuestionando; continuamente criticando; siempre dudando. Todo por hacer; nada por acabar.

El indagador de la Verdad es un obstinado buscador. Siempre inquiriendo. Nada da por resuelto. Sabedor de su infinita ignorancia todo lo critica y nada glorifica. El filósofo, que se aloja en cuerpo de PERSONA,  es molesto para los oficiales paladines de la sociedad. Refirámonos a servidores de lo público. Sujetos incompletos, como PERSONAS disminuidas, pollos sin cresta, saltimbanquis de la Moral y de la Ética. Caterva de incultos con diploma; lechuguinos pretendidamente ilustrados, pero sin idea de etiqueta. En conjunto, sin integridad; en una gran mayoría, sin nobleza. Indignos corruptos, en una significativa cantidad. No todos, pero sí una elevada minoría.

La Filosofía es madre de la Política, como del resto de las ciencias. Ella, hija descreída; petulante exterminadora de madre inquieta; de señora, supuestamente, obsoleta. Hija mal criada; zorra organizando sociedades, dando supuestas respuestas. Respuestas a mundos comunes. Actuado en "ilustres gestas". Formado brillantes civilizaciones; destruyendo ajenas.

Política y Filosofía parecen de distintas familias. Una, generala; la otra, una desposeída. ¿Qué sería de la Política si no existiese la Filosofía? No todo es praxis y componendas. Las PERSONAS somos filósofos en excedencia y somos su gangrena.

Visto la incongruencia de nuestras equívocas y fugaces subsistencias, seamos Conciencia; seamos Ética; seamos Filósofos de nuestras existencias. Así, de esta manera, daremos sentido a una vida más firme, más justa y más plena.


Santiago Peña


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jueves, 18 de agosto de 2016

¿CIUDADANO? LO QUE REALMENTE SIGNIFICA SER UN CIUDADANO



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El Ciudadano es un sujeto fragmentado por un poder vertical (y francamente mutilador de su propia PERSONA) llamado Estado. Por este principal motivo, el poder se impone desde arriba hacia abajo. Verticalmente. En esta desfavorable situación no coexiste la Autoridad. Sólo un poder incuestionable. Por lo que podríamos decir, sin ningún tipo de ambages, que: el poder es la usurpación de la Autoridad. Existe, de hecho, un quebranto irresoluble de su identidad. Es decir: de su ser. No hay nada más alienante y homogeneizador que el poder coercitivo del Estado tal como lo conocemos.


Diferencias substanciales entre poseer una ciudadanía y pertenecer a una comunidad:

  • El Estado deviene de la unión del capital, más el mercado y, por derivación, se acaba poseyendo la ciudadanía. Las posibles consecuencias son que surjan individuos atomizados.

  • El pueblo deviene de la unión de la familia, más el territorio y, por derivación, se acaba perteneciendo a la comunidad. Las posibles consecuencias son que surjan ¿PERSONAS?


La modernidad es, ante todo, un ataque al Alma; a la dimensión más recóndita y más pura de la PERSONA.

Las obligaciones del sujeto son para con el Estado y no para con sus congéneres; con sus iguales. En definitiva: Es una "lealtad" forzada y sancionadora. Es del único ente (artificial) tecno-burocrático al que debemos rendir plena, y exclusiva, pleitesía. Por lo que la Familia, con toda su carga emocional-sensitiva, ya no es prioritaria en este "excelso" mundo del liberalismo a machamartillo.

Y "lo más divertido de la película" es que somos Ciudadanos... ¡porque pagamos impuestos! Sea justo, o no. De qué forma más elegante se nos otorgan derechos (los compramos) porque así los sufragamos. ¡Hasta en ello el dichoso mercantilismo de marras! Somos Ciudadanos "libres"para poder costearnos una supuesta (e irreal) Libertad. ¿Y la PERSONA?... ¿Qué es eso?... ¿Qué me está contando?... ¡No se caliente la cabeza alma de cántaro!... ¡No piense, que ya pensamos nosotros!
                                
Digamos las cosas por su nombre: ¡a ésto se le llama vasallaje! "Nos venden la moto"; nos engañan; nos insultan... ¡Y nos "regalan" un nombre: C I U D A D A N O S!... ¡¡¡Ya!!! Cientos de años de desnaturalización han hecho mella en nuestras maltrechas "meninges"... Somos uno pobres siervos al servicio del aberrante entramado, llamado "democracias liberales", o "sociedades libres".

¡Ojo con que te quedes sin trabajo!... la condición de Ciudadanía (ser "libre" con tus derechos y obligaciones) la pierdes con la misma agilidad con la que has dejado de ser un "contribuyente" ¡"Un paganini"! ¿Y la solidaridad entre conciudadanos?... Me temo que con la narcisista, y egoísta, sociedad con la que nos hemos dotado... ¡como que no! (expresión muy de moda; proveniente, precisamente, del mundo anglosajón: "es un perdedor"). Nos hemos destruido como PERSONAS y ¡no nos hemos percatado del asesinato colectivo! Mañana serás tú; pasado el otro.

Como resultado final: los "derechos" del Estado liberal no son efectivamente esenciales, de forma que no hay nada esencial para la modernidad, como modelo eminentemente relativista y anti-esencialista por enunciación.

¿Esta es la sociedad que queremos para nosotros; para nuestros hijos?


Otro mundo es posible




Santiago Peña




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