viernes, 24 de junio de 2016

¿POR UN MUNDO TELUROCRÁTICO?



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Introducción


Antes de preguntarnos qué es la Telurocracia, y su posible (re)implantanción en las maltrechas sociedades occidentales, hagamos una breve reseña de su antónima, la dominante, y caduca, Talasocracia.

La Talasocracia, o poderío de los mares (en griego: thalassa, «mar», y kratos, «poder»), es una concepción geoestratégica que señala al Estado (o conjunto de estados) que está basado y/o estructurado, esencialmente, en un dominio cuasi hegemónico de los mares que se hayan situados en su área de influencia.

En sus orígenes, el vocablo, fue utilizado para describir la preponderancia de la, casi desconocida, Cultura Minoica (situada en la Edad del Cobre, en la isla de Creta, entre los años 3.000 y 1.450 a. C.) que ejerció sobre los litorales del mar Egeo; gracias a la formidable (y prácticamente inexpugnable) fortaleza de sus expediciones guerreras y, de igual manera, comerciales.

Otro modelo histórico en la Época Antigua fue el entramado de asentamientos de los Pueblos Fenicios; por lo que no podía ser acreditada como una potencia marítima (protoimperio de los mares), sino, más bien, como una heterogénea unión de ciudades autónomas; las cuales, a su vez, estaban articuladas por rutas navales que, prácticamente, no se adentraban en el interior de los territorios alcanzados; inclusive en los casos de las otroras metrópolis de Biblos, Sidón y Tiro y la colonia norteafricana de Cartago, establecida como metrópolis púnica dominante tras la pérdida de independencia de aquéllas, de esta civilización extinguida a manos del pujante Imperio Romano. Consecuencia de todo ello, existen ciudades españolas que, originalmente, fueron colonias fenicias como Cádiz (Gádir) y Málaga (Malakar o Malaka).

Asimismo, puede designarse Talasocracia al llamado Imperio Ateniense del siglo V a. C.

La importancia del control del mar Mediterráneo para el Imperio Romano era decisiva (como testimonia su denominación de "Mare Nostrum", Nuestro Mar) pero, substancialmente, era un imperio basado en la conquista de tierras y su consecuente dominio (Telurocracia).

En la Baja Edad Media florecieron ciudades-estado marineras, como las Repúblicas de Génova, de Venecia (actual Italia) y la adriática Ragusa (ahora Dubrovnik, en Croacia); todas ellas en el Mediterráneo; y las ciudades de la Liga Hanseática, en los mares del Norte y Báltico.

En la Edad Moderna se pueden considerar Talasocracias a los Imperios Holandés y Luso (menos convenientemente al hegemónico Imperio Español, por poseer una formidable base territorial: la más extensa de todos los tiempos).

Desde los comienzos del siglo XVIII, el constituido Imperio Británico practicó el señorío de los mares hasta la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la monarquía británica, ha sido considerada la mayor Talasocracia integral de la historia.

El resto de imperios ultramarinos propios de la época (segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX), que principiaron como establecimientos comerciales, fueron ganando extensos territorios en el interior (Imperio Francés, Imperio Holandés, Imperio Belga, Imperio Italiano y Tercer Reich alemán, mayormente) de África, Indochina, etc.

Como modelo, de facto hegemónico, presente de Talasocracia se halla la toda poderosa (y autodenominada superpotencia) República federal constitucional de los Estados Unidos de América (1776/1783 - actualidad). Arquetipo de democracia liberal e Imperio (indirectamente) expansionista a través de sus formas de vida, de su cultura (mass media e industria cinematográfica, perfectamente diseñada y dirigida para tal uso), de sus "cacareados", y omnipresentes, avances científico-tecnológicos y de sus injustas, e impositivas (en beneficio propio), relaciones comerciales con el resto de países y naciones del orbe. Por todo ello, desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) se autodesignó en guardián, referente y líder de la prostituida comunidad Internacional. Si un Estado (pretendidamente) soberano osara a no querer estar bajo la égida del "Imperio" se hallará indefectiblemente "condenado" a vagar por los confines de la inexistencia del sarcástico concierto internacional. Es decir: un paria a ojos del resto de los vecinos. Ejemplos diáfanos, vergonzosos, y vergonzantes, tenemos desde la pérdida, en 1898, de las últimas colonias (las islas de Cuba y de las Filipinas) de la aturdida España postimperial, pasando por el final humillante (en 1945) de la Segunda Guerra Mundial con los dos atroces, e innecesarios, bombardeos atómicos sobre el Japón postimperial ya derrotado (la armada imperial japonesa, prácticamente, ya no existía); continuando con la sangrante, y sangrienta, Guerra de Vietnam (1955 - 1975), hasta recalar en nuestros días: Irán, Irak, Siria, la extinta Yugoslavia, Libia,... y un largo etcétera. A este tipo de Estados que, en la actualidad más inmediata, se hayan postrados (por estar sometidos a guerras impuestas; destructivas de sus infraestructuras y exterminadoras de sus pobladores, cultura, riquezas naturales y formas de vida), se les califica, de forma descaradamente hipócrita, "estados fallidos".

Por lo que, la Talasocracia es un sistema socio/económico en el que se estimulan el comercio, el individualismo, la disposición al desarrollo técnico, la industrialización expansiva (superproducción), la explotación de recursos (tanto propios como ajenos), la modernización y la dinámica social. En cambio, y como inicial contrapunto, la Telurocracia es un sistema social jerárquico (supuestamente) conservador, donde  priman los valores de auto-sacrificio, de servicio, de fidelidad y de honor. Por todo ello, es una sociedad/civilización más Tradicional y, en un principio, más acorde y respetuosa con el contorno.


Bases religiosas, filosóficas e ideológicas de la Talasocracia; capitalismo/liberalismo como motor de la Modernidad 

 

Uno de los principales estudiosos del capitalismo/liberalismo fue el filósofo, padre de la sociología y politólogo; de origen alemán, Max Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864 - Múnich, 14 de junio de 1920), en la que plasma en su obra introductoria, y más representativa, "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", los fundamentos filosófico-religiosos de que lo que hemos dado en llamar "democracia liberal" en un mundo, Talasocrático, geoestratégicamente hablando, y Capitalista, en lo económico. Así mismo, arguyó que la religión fue una de las claves más substanciales que intervinieron en el súbito, y constante, avance de las culturas occidental y oriental. Centrando el mencionado estudio en las ideas religiosas del protestantismo; ilustrando una clara correspondencia entre el puritanismo y el impulso del espíritu comercial del naciente capitalismo. 

 

¿Qué entendemos por Telurocracia?


Una vez hecha esta breve descripción de su antagonista, la Talasocracia, adentrémonos en el, desconocido, término Telurocracia. De final del Latín clásico telluricus o tellus, "tierra" y kratos, "gobierno") citado igualmente en inglés como land power, otorga desde una visión, exclusivamente, geopolítica y geoestratégica marchamo de Telurocracia a aquellos Estados cuyo influencia son esencialmente de carácter terrestre. Estos imperios de base continental, en los que su poder depende del dominio del máximo territorio posible, nacen de países que, por su característica geográfica tienen esencialmente preferencia terrestre. Es decir, pueblos que desde su constitución disponen de un amplio territorio continental y con necesidades de, si fuese posible, poder controlar más.


Tipologías


La Telurocracia se inclina a forjar Estados fructíferos y autárquicos (libres, soberanos y verdaderamente emancipados), a organizar un sistema multipolar justo (ecuánime) y a conferir suma importancia (calidad) a la relación entre la PERSONA y la Tierra. En la esfera económica, el substrato Telúrico no está empeñado en mover productos de un lado a otro (comercio entre territorios), sino en producirlos y hacer que permanezcan lo más cerca posible de las tierras de donde germinaron y maduraron. En cambio, la Talasocracia desarrolla Estados basados en el comercio, especulativos y liberales. En definitiva: a conferir categoría suprema al capital y al mercado. Del mismo modo, conforma un sistema descaradamente unipolar; con ínfulas de globalización. Prueba de todo ello, las Talasocracias tienen una tendencia más urbana en lo demográfico, y más progresistas, aparentemente, en lo social. En el supuesto de que denoten apetencias expansionistas, propenden a dispersarse de un modo más disimulado y, a la vez, manipulador; explotando en menor medida las artes de la guerra y más la propaganda, todos los posibles medios de comunicación a su alcance, el desarrollo de influjos y la manipulación opresiva en general. Por contra, en la Telurocracia, la verdadera productividad y la fertilidad reemplazan, efectivamente, a la compraventa y a la pura especulación económica (encarecimiento artificial de las mercancías) de la Talasocracia, para, así, constituir un sistema económico, político y social, radicalmente diferente al que hoy domina en nuestro mundo. De esta manera, la apertura de espacios de libre navegación, que es la obsesión del liberalismo atlantista (a través de la disuasiva, e intromisionista, Organización del Tratado del Atlántico Norte, más conocida por sus siglas OTAN), se ve sustituida por la tendencia de las grandes masas de tierra a estrangular el tráfico marítimo en afables "cuellos de botella", para quebrar Panthalasa ("todos los mares"), convirtiendo los diversos mares en meros lagos interiores bajo un férreo control. Los obsoletos, e intervencionistas, estados parásitos (mercantilistas) no son posibles bajo estas renovadas premisas.

Una civilización Telurocrática debe asentarse en principios escrupulosamente definidos como el espacio vital (la Tierra), el rendimiento de los bienes de producción, las acordes necesidades de los habitantes de un determinado territorio, los límites de la riqueza terrestre, la estadística poblacional, la potencialidad (cultural y formativa) humana y las semejanzas genéticas de los grandes linajes humanos, en lugar del  (perfectamente diseñado) caos étnico que la Talasocracia necesita generar para poder mantener grandes masas de proletariado culturalmente castrado (supresión de las humanidades en todos los niveles de la enseñanza) pero eficazmente (profesionalmente) formado. El origen de la actual, y "bendecida", globalización parte de la abominable falacia de los llamados "Estados del Bienestar"; fruto del paradigma (descaradamente erróneo) de la "libertad de comercio" como el único y cuasi hegemónico principio de la auténtica "prosperidad de los pueblos".

Demográficamente, las Telurocracias suelen ser más bien agrarias, y más tradicionales, socialmente hablando. Asimismo, en caso de que tengan ambiciones expansionistas, suelen conquistar, a Sangre y Fuego, por la fuerza de las armas.

-Esta opción no la comparto, bajo ningún concepto; por muy encomiable que sean las causas previas. La unión de pueblos y/o culturas deberían de ser aceptadas, y asimiladas, por la fuerza de la razón y no por la razón de la fuerza, como así, descarada y sistemáticamente, practica la civilización/sociedad occidental con sus "testarudos", e irredentos, vecinos: “¡Los muy cabezotas no se dejan occidentalizar!”-

 

Un Nuevo Mundo


Los Valores hacen a la PERSONA. Sin Valores regresamos a nuestra más abyecta bestialidad; retrocedemos a la caseta de salida de la evolución. Es más, en un número significativo de especies mamíferas, se mantienen pautas de comportamiento que se podrían llegar a catalogar como Éticas e, incluso, Morales. Por lo que nos precipitamos a una cierta subanimalidad. Por debajo de las reglas de comportamiento de la propia naturaleza.

El relativismo; la liviandad; la inconsistencia; la mentira; la codicia; la incoherencia; las ambiciones desmesuradas; el cortoplacismo; la intolerancia; el materialismo; la desidia, y un largo etcétera, no nos hacen más modernos, ni más progresistas, sino más débiles; más bárbaros; sin remedio: unos degenerados. La actual decadente modernidad, que nos venden constantemente, es una falsa belleza, en lo aparente pero una chusca monstruosidad en la realidad. Lo blasfemo, lo grotesco, el insulto permanente, el ruido, la fealdad y la irreverencia no son cultura. Las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra,  fruto de su propia corrupción (y de todos los males del mundo), fueron destruidas. Y nuestra sociedad/civilización -si ni lo remediamos- detrás.

Por un Nuevo Mundo más digno, más espiritual, más coherente, más justo, más responsable, más honesto, más íntegro, más bello, más respetuoso con el entorno, más armónico... En definitiva: más Real.


Santiago Peña



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